Formando parte de los
Equipos Externos del Sanatorio Psiquiátrico de Toén Manuel
Cabaleiro Goás, en una de las habituales visitas al sector de la
provincia que nos correspondía, centralizado en las poblaciones de
Xinzo de Limia y Allariz, una profesora consultó (todavía no se
habían creado los Servicios de Orientación Escolar) el caso de un
niño que no daba aprendido el proceso de la substracción. “Oye,
José Antonio -me dice-, este niño de ocho años, que tiene
aspecto de espabilado, al que le explico el proceso de la resta,
diciéndole cuál es el minuendo y el substraendo, al tiempo que voy
poniendo las cantidades en el encerado, del ejemplo que le pongo
(tengo cinco caramelos; me como tres. ¿Cuántos me quedan?); haciendo
yo también esta primera operación, sin lograr que realice
satisfactoriamente el siguiente ejemplo, similar al primero. Se
produce como una ofuscación y no hay manera de que coloque bien las
cantidades. Qué está pasando.”
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lunes, 8 de mayo de 2017
El niño que no aprendía a restar
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